Sobre mi

LA CICATRIZ DEL FUEGO

 

Lo vi crecer entre mayores aun muy jóvenes que lo acunaban en las noches felices de un tiempo nuevo. Tal vez por eso, Alejandro pronto tomó en su mano un lápiz con el que defenderse del rumor de una conversación que no entendía. Y así, ajeno y ensimismado sobre el papel, nos fue sorprendiendo día a día con el trazo certero de su mano de niño. Entre las páginas de algún libro de entonces conservo una hoja con dibujos de tiburones y un par de caricaturas acompañadas por unas letras de párvulo que dicen Alejandro.

 

Esta habilidad para el dibujo me hizo pensar en él como un pintor de expresión vitalista, y en parte acerté, ahí están sus espléndidas series de dibujos de músicos y danzantes de la colección de la Universidad de Granada para corroborarlo. Pero Alejandro no se ha conformado con ser un buen dibujante que colorea el vacío que queda entre las líneas del lápiz. Desde hace tiempo su mayor empeño es encontrar una voz propia con la que nombrar los secretos de la materia y desvelarnos su capacidad significativa. Investiga y tropieza. Se levanta y frota, barniza, satura, diluye, rompe, superpone, pinta, borra, empapa y por fin quema. De tanto acumular materia ha decidido hacerla saltar en pedazos, quemarla, reducirla a cenizas, transustanciarla.

 

Ahora lo vuelvo a ver crecer como artista, acariciando el sueño de contarnos su mundo con una voz que se parece a la voz que sólo él escucha los días en que el taller se convierte en un territorio hostil para quien desea inventar un idioma propio.

 

Sobre la superficie de la tela quemada, la materia se empeña en parecer un rostro, una boca, un mechón de pelo sobre la frente. Pero Alejandro sabe que sólo es materia quemada, que el rostro, la boca o el pelo son una ilusión que reside en el fondo del ojo del que mira la huella del fuego. Como el que quiso ver dioses en la geometría arbitraria de las constelaciones o en la superficie gastada de lo muros de Vinci, Alejandro nos propone descubrir en la cicatriz del fuego un código fragmentado para reconstruir el mundo. Su mundo.

 

Juan Vida